CULTURA DE PROTECCIÓN CIVIL

Ø  Aunque no se encuentra dentro de los siete Estados de peligro sísmico (Baja California, Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Colima y Jalisco), en la Ciudad de México, se pueden esperar grandes aceleraciones del terreno, particularmente en la zona de lago, a pesar de encontrarse lejos de epicentros de grandes temblores, debido a la amplificación de las señales sísmicas, ocasionadas por el subsuelo del Valle de México.

Han transcurrido 27 años, desde que los sismos de 19 y 20 de septiembre de 1985 sacudieron territorio de diversas Entidades Federativas del país, pero en ninguna con la fuerza y efectos devastadores de la Ciudad de México.

En su obra “Peligros Naturales y Tecnológicos relevantes durante el período 1810-2010”,[1] el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED), reporta que el del 19 de septiembre de 1985, fue de magnitud 8.1, con epicentro en costas de Michoacán. Fue sentido en el centro, sur y occidente de la República mexicana.

Respecto a daños ocasionados, más de 30 mil heridos, 150 mil damnificados, 30 mil viviendas destruidas y más de 60 mil con daños, con afectaciones en todos los sectores productivos, en salud y en servicios. La cifra oficial de muertos fue de 6 mil, aunque diversas fuentes indican hasta 9 mil 500.

El sismo del 20 de septiembre, de magnitud 7.6, con epicentro en las mismas costas de Michoacán, también fue sentido en el centro, sur y occidente del país, aunque especialmente en la Ciudad de México. Fue réplica del movimiento telúrico del día anterior, por lo que edificaciones ya dañadas, terminaron por colapsarse. El segundo, causó alarma y pánico en la Ciudad de México y región epicentral.

Se recibieron más de 45 mil toneladas de ayuda internacional de 45 países, que fueron de gran valor, sin embargo, la dimensión del desastre y la cantidad y urgencia de necesidades que ocasionaron los sismos, en contraste con la falta de preparación del gobierno para enfrentarlas, llevó a sumar la generosa y voluntaria participación de grupos de la sociedad, que se organizaron para labores de remoción de escombros, de búsqueda y rescate de víctimas, acopio, elaboración y distribución de alimentos y productos de emergencia.

El CENAPRED reporta que las pérdidas se calculan por ambos sismos, por más de 4 mil millones de dólares.

De ahí surgió la necesidad de crear un Sistema de protección civil, sostenido en cuatro grandes pilares: la prevención, la participación de todos los sectores sociales, la coordinación de tareas entre gobiernos y sociedad, así como el trabajo voluntario.

Como parte de los eventos conmemorativos, cada año es mayor el número de personas que se suman a las convocatorias para realizar simulacros, que son la evaluación de la capacidad de respuesta, ante la presencia de un fenómeno perturbador,  implican una metodología plasmada en la elaboración e implementación de Programas Internos de Protección Civil, de ninguna manera son recetarios, catálogos o libretos donde cada parte actúa de forma automatizada.

Dichos Programas son un conjunto organizado de estudios, previsión de acciones, establecimiento de escenarios, distribución de responsabilidades y funciones compartidas por miembros de una comunidad que por diversas circunstancias se encuentran concentrados en un inmueble, que se preparan para responder ante la eventualidad de un desastre adecuada y oportunamente.

Aunque no se encuentra dentro de los siete Estados de peligro sísmico (Baja California, Oaxaca, Michoacán, Chiapas, Guerrero, Colima y Jalisco), en la Ciudad de México, se pueden esperar grandes aceleraciones del terreno, particularmente en la zona de lago, a pesar de encontrarse lejos de epicentros de grandes temblores, debido a la amplificación de las señales sísmicas, ocasionadas por el subsuelo del Valle de México.

Ojalá el próximo gobierno del Distrito Federal, impulse la utilización del Sistema de Alerta Sísmica, sistema de alertamiento único en el mundo, que funciona de forma  continua  desde agosto de 1991, instalado para emitir avisos anticipados de alerta a la Ciudad de México, en caso de ocurrir un sismo de magnitud mayor a 5 grados Richter en la Costa de Guerrero.

Cuenta con 12 estaciones sismo-sensoras en dicha costa, que envían una señal por radio hasta la estación central del Distrito Federal ubicada en el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (CIRES), de la Fundación Javier Barros Sierra.

Debido a que estas ondas de radio viajan más rápido que las ondas sísmicas y a que el epicentro podría estar a más de trescientos kilómetros de la Ciudad de México, es posible que sus habitantes cuenten con este valioso instrumento, que con aproximadamente 50 segundos de anticipación a la llegada del sismo, los previene de un acontecimiento que pondría en riego vidas, bienes y entorno.

Es cierto que en ocasiones la Alerta se ha activado, sin que ocurra un sismo y que por ello hay voces que la descalifican, pero, aun reconociendo ese margen de error, se debe estimular el aprovechamiento de este invaluable aporte de la tecnología, para que autoridades y población, realicen acciones identificadas previamente, determinantes para  proteger vidas humanas.

Los sismos no se pueden pronosticar, por ello, las autoridades de protección civil, deben destinar estrategias, recursos, instrumentos tecnológicos, planes operativos, e involucrar a toda la población en la práctica de simulacros y otras tareas de prevención.

No podemos evitar su ocurrencia, ni su magnitud, pero sí podemos contribuir  todas y todos a disminuir su impacto destructivo.

 

Ma. Carmen Segura Rangel.

Socia Consultora

 

Palabras clave: CENAPRED, Damnificados, Daños, Desastre, Epicentro, Gobierno, Legispol, Protección Civil, Simulacro, Sismo 1985, Sistema de Alerta Sísmica, Voluntarios.



[1] “Peligros Naturales y Tecnológicos relevantes durante el período 1810-2010”, Centro Nacional de Prevención de Desastres, pág. 33. 1ª edición.